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Cuento para dormir sobre mariposas y el jardín

Un jardín al atardecer, una mariposa y una despedida tranquila. Cuento para dormir para una niña de 4 años.

1

Daniela tenía cuatro años y un lugar favorito en todo el mundo: el jardín de su abuela. Allí crecían flores rosadas, amarillas y moradas. Y allí volaban mariposas de todos los colores.

Una tarde tibia, Daniela caminaba entre las flores con sus pasitos suaves. De pronto, escuchó un sonido pequeñito, muy pequeñito.

"¿Quién está ahí?", preguntó Daniela.

Debajo de una hoja grande, encontró una mariposa azul. Sus alas temblaban y no podía volar.

2

"Hola, mariposita", dijo Daniela con voz dulce. "¿Estás bien?"

La mariposa movió sus alitas despacio. Parecía cansada y tenía frío.

Daniela pensó y pensó. ¿Qué le gustaría a ella si estuviera cansada y con frío? Le gustaría algo calientito y algo rico para comer.

"¡Ya sé!", dijo Daniela.

Con mucho cuidado, puso su manita en el suelo. La mariposa subió despacito, despacito, hasta quedarse quieta en su palma.

3

Daniela llevó a la mariposa hasta la flor más grande del jardín. Era una flor amarilla como el sol, llena de néctar dulce.

"Aquí puedes comer", le dijo Daniela. "Y el sol te va a calentar las alas."

La mariposa tomó el néctar con su trompita larga. Poco a poco, sus alas dejaron de temblar. El azul de sus alas brillaba más y más.

La abuela miraba desde la puerta y sonreía.

"Qué corazón tan bueno tienes, Daniela", dijo la abuela.

4

Entonces pasó algo mágico. La mariposa azul voló en un círculo alrededor de la cabeza de Daniela, como diciendo gracias.

Y después, ¡llegaron más mariposas! Una naranja, una blanca, una con puntitos. Todas volaban cerca de Daniela, suaves como pétalos en el viento.

"Vinieron a jugar contigo", dijo la abuela. "Cuando ayudamos a un amigo, los amigos vuelven."

Daniela rio bajito. Las mariposas bailaban entre las flores rosadas, amarillas y moradas.

5

El sol empezó a bajar y el cielo se puso color durazno. Las mariposas se fueron acomodando en las flores, una por una, para dormir.

La mariposa azul se posó en la flor amarilla, la más grande, la que Daniela le había mostrado.

"Buenas noches, mariposita", susurró Daniela. "Que sueñes con flores."

La abuela tomó la mano de Daniela y caminaron juntas hacia la casa. El jardín quedó quietito, quietito.

6

Esa noche, la abuela arropó a Daniela en su camita suave.

"Hoy fuiste muy amable con la mariposa", dijo la abuela, dándole un beso en la frente.

Daniela bostezó. Por la ventana podía ver el jardín bajo la luz de la luna. Todas las flores dormían. Todas las mariposas dormían.

Daniela cerró los ojos despacito. Soñó que volaba con su amiga azul, sobre flores suaves, bajo estrellas tranquilas.

Y así, calientita y feliz, Daniela se quedó dormida.

Buenas noches, Daniela. Buenas noches, mariposas.

Este cuento se escribió para Daniela. El siguiente puede ser para tu hijo.

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