TaleMeGoodnight

Cuento para dormir sobre piratas

Piratas, un mapa y un tesoro que no era lo que parecía. Cuento para dormir para un niño de 6 años.

1

Pablo era el capitán más pequeño y más valiente de todos los mares. Tenía un barco de madera con velas blancas que se llamaba La Estrella, un loro verde llamado Coco y, lo más importante de todo, un mapa del tesoro muy antiguo.

Aquella tarde, el sol brillaba sobre las olas y Pablo estudiaba su mapa con mucho cuidado. Una cruz roja marcaba el lugar del tesoro, en la Isla de las Caracolas.

"¡Mañana llegaremos!", dijo Pablo con una gran sonrisa.

2

Pero esa noche, mientras la tripulación dormía, Pablo quiso mirar el mapa una vez más. Lo sacó de su cofre a escondidas y lo abrió junto a una vela.

Entonces, ¡ay!, un golpe de viento entró por la ventana. El mapa voló, tocó la llama de la vela y una esquinita se quemó. Justo la esquinita donde estaba la cruz roja.

Pablo apagó el fuego rápido con su gorro. Su corazón hacía pum, pum, pum. Escondió el mapa en el cofre y se fue a la cama sin decir nada.

3

Por la mañana, la marinera Lila abrió el cofre para preparar el viaje.

"¡Capitán! ¡El mapa está quemado! ¿Qué pasó aquí?", preguntó sorprendida.

Pablo miró sus botas. "No sé... quizás fue Coco", dijo en voz bajita.

El loro Coco abrió mucho los ojos. "¿Coco? ¡Coco no! ¡Coco no!", repetía dando saltitos.

Toda la tripulación miraba al pobre loro. Pablo sintió algo raro en la barriga, como si tuviera piedras dentro. Coco era su amigo, y su amigo estaba triste.

4

Pablo respiró hondo, tan hondo como cuando soplaba las velas de su cumpleaños.

"Esperen", dijo con voz temblorosa. "No fue Coco. Fui yo. Anoche saqué el mapa sin permiso y se quemó con la vela. Lo siento mucho."

La tripulación se quedó en silencio un momento. Después, la marinera Lila sonrió.

"Gracias por decirnos la verdad, capitán. Ahora sí podemos ayudarte."

Y algo mágico pasó en la barriga de Pablo: las piedras desaparecieron y se sintió ligero como una gaviota.

5

Todos juntos miraron el mapa quemado. Coco voló hasta el hombro de Pablo y le dio un besito con el pico.

"Yo recuerdo esa parte del mapa", dijo el viejo marinero Tomás. "La cruz estaba junto a tres palmeras, cerca de una roca con forma de tortuga."

"¡Es verdad!", gritó Pablo. "¡Yo también lo recuerdo!"

Y así, entre todos, dibujaron de nuevo la esquinita perdida. Cuando llegaron a la Isla de las Caracolas, encontraron las tres palmeras, la roca tortuga y, debajo de la arena, un cofre lleno de monedas doradas y caramelos brillantes.

6

Esa noche, el barco La Estrella navegaba despacito de regreso a casa. Las olas mecían el barco suavemente, para un lado y para el otro, como una cuna gigante.

Pablo estaba acostado en su hamaca con Coco dormidito a su lado. Miraba las estrellas por la ventana y pensaba que el mejor tesoro del día no habían sido las monedas doradas. Había sido esa sensación tan bonita y tan ligera después de contar lo que de verdad pasó.

Las velas blancas susurraban con el viento, shhh, shhh. Los ojos de Pablo se cerraban poquito a poquito.

"Buenas noches, Coco", murmuró el capitán.

"Buenas noches, Pablo", contestó el loro bajito.

Y el pequeño capitán se quedó dormido, soñando con mares tranquilos y nuevos mapas por descubrir.

Este cuento se escribió para Pablo. El siguiente puede ser para tu hijo.

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